A veces sientes culpa por no estar bien, por no poder disfrutar.
El plano mental no entiende por qué hay dolor, nos enseñaron a poner el eje en la mente analítica y esta parte de la persona siempre necesita entender.
La mente racional dice… si yo no lo entiendo no debe poder existir. Sucede que no estás pudiendo darte permiso a sentir ese dolor.
Lo tengo todo para ser feliz y estoy así… Con la cantidad de personas que de verdad tienen motivos para estar mal, no entiendo qué me pasa. Conozco bien ese lugar y es difícil. De base te sientes mal y sobre ello se coloca el reproche por estar así, que no hace, sino aumentar la carga de malestar.
La culpa y el auto-reproche desactivan además tus recursos, bloqueando el cambio y la evolución. Vamos a darle a la mente racional una posibilidad de entender:
Imagina que te has hecho una herida en el brazo izquierdo. La herida es relativamente importante, se abre y te duele, sangra. Al mismo tiempo que sujetas tu brazo contraído de dolor y miras la herida pensando qué debes hacer a continuación, unos rayos de sol acarician tu rostro.
¿Puedes sentir en ese momento el calor del sol en tu piel? ¿Percibes el placer de esa luz o las cálidas cosquillas?
Obviamente no. Cuando tienes una herida que curar, cada uno de los recursos de tu sistema nervioso está atendiendo al
punto de dolor. El dolor es prioritario, simplemente va antes, es más importante.
Así pues, mientras dura el dolor no puedes sentir el placer o la alegría. No es que no exista, es solo que no es prioritario para la atención. A nivel emocional sucede lo mismo. Primero hay que atender la herida, el sufrimiento.
Una vez sanado el cuerpo emocional y ya sin dolor, la atención se dirige de forma natural y sin esfuerzo hacia el placer, la serenidad y la alegría. Ahora que la vida ya no corre peligro, piensa tu primitivo sistema límbico, puedo relajarme y disfrutar.
Y se tumba a sentir los rayos del sol.
Muchas veces el malestar que está en tu cuerpo no tiene una explicación racional obvia. Puede estar guardado en el plano emocional desde hace años, correspondiendo quizá a un pasado remoto al que no tienes ahora acceso consciente.
Sin embargo hay una cosa clara: ese dolor es verdad. La mente racional no puede ubicarlo, ni explicarlo, pero está en tu cuerpo. Aparentemente no hay causas y aún así, la insatisfacción es bien cierta y dificulta tu avance de forma real.
Así pues te propongo aprender a aceptar esa parte de ti que tiene dolor. Sin cuestionarla, sin pedirle explicaciones, solo encontrar los modos de darle permiso para estar y para ser. Desde esa aceptación las memorias somáticas que guarda tu cuerpo pueden, de verdad, liberarse. No basta con aceptar el dolor, hay también que acceder a los medios y las técnicas para liberarlo, esto es, sacarlo físicamente de tu cuerpo.
Entonces llegas, corporalmente, a otro lugar de ti desde el cual puedes, ahora sí, disfrutar ,todas las cosas maravillosas que hay en tu vida.
