MINDFULNESS II

MINDFULNESS II

   La capacidad de mantener un estado de concentración pleno, sin distracción, consiste en sostener la atención.

   Entonces soy capaz de alcanzar el estado de completo equilibrio para la conciencia, libre de restricciones de sí misma y libre del tiempo y del espacio. A dicho estado le podemos llamar también autorrealización, plenitud o integridad.

   Con la práctica de la atención sostenida voy siendo cada vez más consciente de lo que siento, de cómo me muevo, de los pensamientos que cruzan por la mente o de cómo respondo ante las diversas situaciones cotidianas.

   Cuando afronto esta práctica con una actitud abierta, con curiosidad e interés y a la vez desde la aceptación y compasión de mi misma y de todo aquello que hago o me sucede, el camino suele tornarse amable y fructífero.

   El primer paso es observar la mente, que está en constante movimiento, divagando pues esa es su naturaleza. Observo sin intentar cambiarla, sin pedirle que sea de otro modo, sin rechazo, aceptando cómo ella es. Solo la observo desde otro lugar de mí, que es la conciencia.

   Como si yo, padre o madre, observo a una hija o hijo alocado e inquieto y, sin querer que sea de otro modo, aceptándola tal y como es, con esa paciencia infinita que da el amor, respiro y sonrío.

   Mi actitud e intención son claves. Para trabajar la atención puedo por ejemplo concentrarme en algo concreto, como mi propia respiración o la llama de una vela.

   Anclando mi atención en ese foco percibo ahora mi postura corporal y empleo ejercicios para entrenar la atención de cada una de las sensaciones que recorren mi cuerpo.

   Una y otra vez la atención se dispersa, una y mil veces, con infinita dulzura traigo de nuevo la atención a mi respiración.

  Como cuando, acompañando a un bebé que aprende a andar, lo conduzco de nuevo sobre el camino.

   Cuando practico mindfulness de manera informal, puedo jugar llevando a cabo tareas diarias de forma atenta, rompiendo la rutina diaria.

Por ejemplo, dar vueltas al café con la mano izquierda es como pellizcar la atención, de pronto la tarea es nueva y no puedo hacerla en automático, lo que, además de interesante, puede resultar divertido.

   Estos juegos y prácticas ayudan a detectar hábitos y rutinas que quizá queremos revisar o equilibrar.

Cualquier lugar o momento es propicio para conectar lo que pienso, siento y hago, la ducha, una comida,

etc.

   Experimentar la vida en plenitud es un objetivo grande y noble, también a mi juicio, sumamente placentero, por eso este tipo de entrenamiento de la atención es siempre un eje de base en la terapia que ofrezco.