Mundo Cuerpo

Una metáfora de sensaciones

Mi percepción del Mundo Cuerpo

A veces pienso en nuestro planeta Tierra como un bello ser de cuerpo redondo, lo imagino flotando en el espacio con sus miles de millones de seres vivos y de materiales inertes formando un organismo en perfecta unidad. Y considero que cada animal de los que aquí habita es una célula, cada roca es una partícula minera. Entonces me doy cuenta: el cuerpo de la Tierra es igual que mi cuerpo y yo soy una célula de este mundo. Me encanta ser una célula del Mundo Cuerpo, es muy relajante. Si yo soy solo una célula dentro de un Ser Vivo, todo es más sencillo. No tengo que saber lo que es mejor para todos o lo que necesita el cuerpo entero, ni siquiera tengo que entender el funcionamiento del mundo al completo. Es ahí donde descanso. Las demás personas son células de otros tejidos, no tienen que ser todas como yo. No es necesario que hagan o piensen o sientan lo mismo que yo o lo que yo creo que es mejor.

Cuánta energía empleada en tratar de saber qué es lo mejor para el mundo, en evaluar qué está bien y qué mal, en dictaminar cómo debería comportarse la gente, en enjuciar los actos de los demás y los míos propios. Sin embargo, te imaginas a una célula de, pongamos mi riñón derecho, tratando de saber qué debo hacer? ¿O intentando que todas las células de mi cuerpo sean igual que ella? ¿Te imaginas que todas las células de mi cuerpo fueran iguales? No sería posible la vida, porque la vida depende de que seamos distintos y de que cada cual esté haciendo su trabajo.

En mi cuerpo hay muchos tipos de tejidos, una célula ósea es muy distinta de una célula del pulmón que son completamente distintas de una neurona. Cada célula de mi cuerpo está siendo ella, haciendo su función y claro, la salud y el equilibrio en mi cuerpo dependen precisamente de que cada una de esas células sea distinta y haga exactamente lo que ella hace, y no otra cosa. No puedo saber lo que otra persona tiene que hacer, simplemente no puedo saberlo porque no soy él o ella. Pero sí puedo saber lo que yo debo hacer, esa es mi misión.

Dejo reposar las manos sobre el pecho y sonrío. Y si únicamente tengo que ser yo misma y permitir a cada persona ser ella misma? Oh, qué paz. ¿Y si cada persona realmente debe hacer justo aquello que siente que debe hacer? ¿Y si fuera así de sencillo? ‘Confía’, pienso, ‘confía en las demás células, ellas saben qué hacer’ Incluso aunque, a mis pequeños ojos de célula de riñón, la velocidad a la que corre un neurotransmisor le parezca una locura.

Qué descanso soltar. ¿Y si no tengo que explicar a nadie lo que hago y porqué lo hago? ¿Y si no tengo que tratar de convencer a otros de que deben hacer esto o aquello? ¿Y si ya no tengo que emplear mi energía en tratar de entender hacia dónde va el mundo? ¿Y si pudiera dejar de lamentarme por lo mal que está todo? Dejar de sufrir por todo lo que, desde mi punto de vista, los demás deberían estar haciendo? ¿Y si pudiera simplemente ser y dejar ser? En ese momento me quedo muy quieta, sintiendo lo pequeñita que soy, y cuan tranquila me hace sentir este tamaño. Sintiendo, así mismo, qué importante es que yo sea plenamente yo.

Después pienso: es esencial hacer lo que sé que debo hacer y mantenerme sana, es decir, feliz, plena. A fin de cuentas, el riñón derecho de este mundo depende de ello.

Hace años que disfruto con la idea del Mundo Cuerpo, por eso me parece realmente importante reforzar a cada persona en que sea ella misma, justamente ella y nadie más. Y es bello acompañar a cada persona por este camino de descubrimiento de la propia esencia. De verdad me importa que cada persona encuentre su verdadero Ser y haga aquello en lo que cree, pues de esto depende la salud de su tejido y del organismo entero, al que yo también pertenezco.