Culpas asociadas

12/11/2024

Cuando nos enfrentamos a una catástrofe de magnitudes inmensas, como la que ha ocurrido o está ocurriendo en nuestro país en estos momentos, además de la parte material que es obvia, se genera un clima emocional muy pero que muy complejo. La situación toca o llega de diferentes maneras y con distinto grado de intensidad a cada persona y el prisma de realidades es increíblemente diverso. Dentro de esta difícil situación que colectivamente estamos atravesando existen miles de factores y situaciones diferentes.  Hoy me quiero detener en un pequeño trocito de este prisma, en una arista pareciera quizá poco importante, pero que a mis ojos tiene o puede tener gran relevancia.

Y es que, desde mi pequeña ventanita de realidad, me encuentro con muchas personas que tienen culpa por sentirse bien o mantenerse tranquilos y contentos.

Así, es posible que estés sintiendo culpa por estar como estás, por tener la vida que tienes o por disfrutar. Fíjate que una cosa es que, a la luz de una desgracia de tamaña magnitud, tú veas y te hagas consciente de todo lo que realmente tienes y de cuán afortunado o afortunada eres, poder valorarlo o disfrutarlo o dar gracias por ello. Y otra cosa diferente es sentir culpa por ello.

Estos días en consulta me he encontrado personas sintiéndose culpables por tener su propio sufrimiento psicológico, y también por no tenerlo.

Miras alrededor y ves la gravedad de las vivencias, el sufrimiento hondo de tantas personas.

Es difícil darnos permiso a estar como nosotras o nosotros estamos, a tener una depresión por las cosas “normales” que nos han pasado en la vida, a sentir alegría de resolver una situación o a querer seguir adelante.

Y entendiendo añado algunos datos que son importantes:

Sí, tú que te sientes bien, estás aportando al conjunto un poquito de paz

Sí, tú estás pudiendo estar calmado, pones con cada respiración una pizca de serenidad alrededor. Y, por el contrario, si tú estás muy triste y no puedes atender otra cosa más que tu dolor, porque este es realmente pesado, por favor, no te culpes. Date permiso a estar como estás, a sentir lo que sientes, date el derecho de que te pase lo que te pasas. Porque entonces es un poquito más fácil.

Una crisis afecta a cada persona de modo distinto, según dónde estás, ves un trocito del prisma o ves otro. Así te esté tocando esta realidad, vives una cosa o vives otra.

Todas distintas y a veces muy distintas.

Cuando un cuerpo está enfermo o tiene de pronto una herida grave, solo algunas células están afectadas, mientras que otras se mantienen fuertes y equilibran la balanza, aportando salud. Es muy importante que cada célula esté en su lugar, haciendo lo que debe hacer. Tanto las personas que están ayudando, como las que están manteniendo la salud, el equilibrio y el funcionamiento del conjunto del organismo desde otro lugar del cuerpo.

Así pues, si por lo que sea estás en ese sitio donde puedes mantenerte en contacto con la tranquilidad, la confianza o la alegría, la voz de mi corazón dice:

Acéptalo. Coge ese granito de responsabilidad que te toca y mantente sana, mantente tranquilo.

Y comparte la sonrisa con tu hijo, regala tu serenidad a tu vecino.

Parece importante, ahora, aceptar y sostener la propia calma.

No tiene que ver con ignorar lo que ocurre, no tiene que ver con restar importancia al dolor de las otras personas y no implica dejar de ser empático, de ayudar o de ser responsable en las acciones que son necesarias.

Tiene que ver con aportar salud al conjunto de otras maneras que también son necesarias.