A una cierta altura, en tu proceso de crecimiento personal comienzan a aparecer sorprendentes transformaciones.
Si bien en las primeras etapas fue necesario conocerte, entender y saber, cuando tienes ya un buen nivel de conciencia comienza a ser muy interesante justamente “no saber”.
Una vez tienes una base segura, cuando tu autoestima es fuerte y la confianza que sientes en la vida y en el futuro se torna sólida como una roca, el reto más interesante es permitirte no saber.
No saber implica deshacerte de los esquemas con los que vienes, retirar el pasado con todos sus conocimientos y presentarte ante el momento presente como si tanto tú como este momento fuerais absoluta y completamente nuevos. Como de hecho es.
Y te puedo decir que esa experiencia de despojarte del yo y de todo lo que supuestamente sabes resulta deliciosa, pues hace que la vida adquiera la profundidad y la belleza que realmente tiene.
La magia de no saber es aquello que está presente en la mirada de un niño pequeño, la capacidad de asombrarte a cada instante, el valor de abrir los brazos y el corazón para recibir, sin dudarlo, cada regalo, más allá del aspecto o apariencia que a priori tiene.
Es la confianza en la vida, la certeza sentida desde el corazón de que todo sucede para un bien mayor, incluso cuando aún no puedo verlo.
