Actualmente la información abunda, en todo medio las personas nos expresamos y ello es maravilloso.
Me gusta respetar la opinión y el sentir de cada quién, su particular prisma personal.
Unas veces resueno con lo que oigo o leo, otras veces no.
Cuando mi corazón no resuena con la información entrante siento una cierta alerta, como si mis antenas hubieran tocado algo que las hace retraerse.
Entonces paro, respiro y me pregunto ¿qué ocurre aquí?
Hoy quiero reflexionar brevemente acerca de uno de estos contenidos que habitualmente hace entrar en alerta a mis sistemas.
Les llamo cariñosamente “Recetas” y dicen cosas como…
“lo mejor es…”
“hay que saber…”
“lo que tienes que hacer…”
“nunca debes…”
“lo más saludable es…”
“para cuidarte debes de…”
“si te pasa x entonces haz…”
… etcétera.
Vaya por delante mi sincero reconocimiento a la buena intención de las personas que hablan o escriben dichas palabras, entiendo de verdad que la intención es bella.
El peligro, desde mis ojos, de estas “recetas” es que son generales, no estamos evaluando la situación actual y concreta de una persona.
De modo que, en ocasiones, cuando recibes una de estas informaciones encaja a la perfección con tu momento y situación y dices “oh, es verdad”.
Sin embargo, cuando no encaja o cuando incluso va en sentido contrario a lo que tú particularmente necesitas aquí y ahora dicha información puede generarte confusión y aumentar tu malestar.
“Lo que está bien hacer” es aquello que te compensa, lo que ahora te equilibra, lo que te acerca a la salud y la armonía interior, y ello puede ser tanto una cosa como su contraria.
“Lo que hay que hacer” es distinto para una persona y para otra, variando también para la misma persona en distintos momentos.
Así por ejemplo, cuando deseas de forma sincera construir una relación de pareja pero tienes dificultades para comprometerte, puedes trabajar el “quedarte, enraizar, permanecer”.
En cambio, si estás en una relación en la que no hay cuidado y tienes tendencia a la dependencia emocional lo que te compensa es “irte, soltar o dejar ir”.
La psicología de las recetas pone mis sensores en alarma pues las cosas no son buenas o malas sin más, no resulta tan sencillo, siempre depende.
Lo que vale para mi puede no serte bueno, aunque mi intención nazca en la bondad. Lo que ayer me era útil hoy ya no me sirve y debo volver a preguntar.
Por eso mi trabajo es de fondo, de cuidado, de profundidad.
Cada persona es radicalmente única, cada momento es de verdad irrepetible y cada cosa merece siempre una mirada nueva.
