Gobernar la vida es como llevar el timón de un barco. Muchas veces hemos oído esta metáfora.
Me interesa el EQUILIBRIO entre:
- sujetar firme el timón, llevando el barco a donde necesito ir
- saber entender el viento y la mar y tenerlos en cuenta.
El mar o el viento son las circunstancias que la vida me plantea. Ahí no elijo conscientemente, con lo que viene, juego.
El respeto de un marinero a la mar es inmenso, él sabe que su vida depende de ello. Según está el mar, así navega.
De igual forma, mi respeto a las condiciones de cada momento es total, pues veo lo pequeña que soy frente a la vida. Depende de cómo está la vida, así hago.
Por otro lado, la firmeza y determinación con la que un marinero coge el timón de su barco es también grande, así lleva el barco a buen puerto.
Del mismo modo, la fortaleza y decisión con la que cojo las riendas para conducir mi vida debe ser firme. Mi puerto, ser feliz.
Incluso en mitad de una poderosa tormenta, perdida y sin herramientas, tan pequeña bajo el vasto cielo y frente al mar embravecido… Incluso ahí, el corazón sabe hacia dónde navegar.
Entonces leo el mar y el viento y los tengo siempre en cuenta, sé que la vida puede dar vuelta a mi barco. Y aún así, sujeto con fuerza el timón y marco el rumbo.
